Sanidad en la Mesa de Dios

2 de Samuel 9:

Cuando el rey Saul y su hijo Jonathan lo mataron, toda la familia corría por su vida entre los cuales se encontraba Mefiboset el hijo de Jonathan, hijo del rey Saul. Cuando Mefiboset era pequeñito corriendo por su vida, su niñera lo dejó caer y quedó paralitico de sus pies, él no podía caminar.

David se enteró de la situación de Mefiboset y le invitó y le dijo:“Tú vas a comer de mi mesa todos los días de tu vida”. La vida de Mefiboset fue muy trágica desde muy temprana edad. Mefiboset no podía caminar y alguien tenía que cargarlo todos los días de su vida. Cuando leo la historia de Mefiboset cierro los ojos e imagino lo difícil que fue para este joven crecer sin padres, sin herencia y sin sus piernas. Tal vez cuando estaba a sola tenía que arrastrarse debido a su discapacidad. Para ese entonces, un hombre sin el uso de sus pies, tenían que cargarlo, pues no existía muleta ni mucho menos sillas de ruedas. David vio su necesidad y le dijo: “Ven a mi mesa, yo voy a proveer por ti”.

Yo no sé qué te han quitado en la vida o cuál es tu necesidad, pero Dios las conoce y se ha acordado de ti hoy.

Mefiboset es muy parecido a todos nosotros, algunas veces, nosotros sentimos que estamos arrastrándonos por la vida, y estamos naufragando en nuestro caminar. Queremos avanzar con el Señor, pero sentimos que no podemos avanzar bajo nuestras propias fuerzas. Cuando nos humillamos y dejamos que sea Dios trabajando en nosotros con Su fuerza, es cuando la gracia de Dios nos dice: “Te invito a mi mesa. Voy a alimentarte. Voy a cuidar de ti. Voy a sanarte. Voy a proveer por ti y gozarás de Mi favor.

Cuando nos sentamos en la mesa de Dios algo grande ocurre. Cuando nos sentamos en la mesa del Gran Rey, nuestros pecados y enfermedades desaparecen. Dios quita los desperfectos, las arrugas, las manchas y nos limpia del lodo. Él nos devuelve Su gracia y Su favor cuando nos sentamos en Su mesa. Todo lo que el enemigo nos ha robado, Dios lo restituye en doble porción.
Mefibofet, fue sentado en la mesa del rey David con sus piernas frágiles y enfermizas. Cuando David lo sentó algo grande pasó: Mefiboset se sentó en la silla y la mesa cubrió su debilidad. Él estaba sentado con el rey David y no parecía que estaba invalido de sus piernas, pues la mesa cubría su debilidad física.

Hoy el Rey de Reyes, Jehová nuestro Pastor, nos invita a Su mesa. Él viene a decirte que en Su mesa las cosas viejas pasaron, he aquí todas son echas nuevas. A la verdad, cuando nosotros fallamos y fracasamos, nos sentimos que no merecemos un lugar en Su mesa. Nos sentimos indigno e incomodos en Su mesa. La misericordia de Dios es tan grande que Él no nos ve indigno. Él dice: “Mi gracia te puede sostener, te puede cambiar, te puede cargar”. “Ven como estas, te invito a Mi mesa”. “Ven y confía en Mí, deposita tu debilidad debajo de mi mesa y deja que Yo provea por ti”. Come de lo que Yo te voy a proveer. Voy a satisfacerte con todo lo que tú necesitas.

Tal vez pensarás: “no soy digno de sentarme en la Mesa de Dios, tengo tantos pecados y debilidad.”. Solamente confía en Dios y deposita tus necesidades. Es cierto que todos tenemos errores y pecados, el que diga que nunca ha pecado es considerado un mentiroso. Todos hemos pecado. Solo ven con un corazón contrito y humillado y dejas que el Señor obre por ti y provea todas tus necesidades. Dios está sentado en la mesa esperando por ti. En Su mesa nunca pasarás hambre ni sed, en Su mesa tus pecados y debilidades son borradas. En la mesa de Dios hay perdón y sanidad. Dios te bendiga grandemente.

Escrito por: Buenaventura Flores
www.ministeriosdesanidad.org

 

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