PADRE EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU

Declaración de confianza

“Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró” (Lucas 23:44-46 (RVR1960).

En el momento de la crucifixión, Jesús utilizó la palabra “encomiendo” debido a la extrema confianza que le tenía a Su Padre Celestial. Jesús no murió de angustia ni mucho menos de desesperación; Él murió por nuestros pecados y así poder gozar de la Salvación. Durante la Cruz, Jesús se mantuvo constantemente en comunión con el Padre, Él descansó plenamente en Su confianza cuando profesó las últimas palabras diciendo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Esa declaración de confianza viene del Salmo 31:5 que se les enseñaba a los niños judíos como plegaria de confianza en Dios. Cuando leemos este Salmo, podemos ver que, aunque nos encontremos en aprietos, Dios se manifiesta de manera sobrenatural a favor de Sus hijos dándonos la victoria. ¡CUÁNTO MÁS A SU PROPIO HIJO JESÚS!

Muchos pensaban que lo habían derrotado en la Cruz, pero Dios venció al enemigo al tercer día resucitando a Su Hijo amado. Jesús no esta muerto Él esta vivo y vive y reina por los siglos de los siglos Amén y Amén! ¡JESÚS NO ESTÁ MUERTO, ÉL VIVE!

A continuación, les presento el Salmo 31:1-24 donde se encuentra las, palabras clamadas por Jesús: Padre en tu mano encomiendo mi espíritu. Hagamos nosotros este Salmo como oración de cada día en nuestras vidas. En estas palabras encontramos la plena confianza en el Padre Celestial. Dios está ahí para escucharnos y atender nuestras suplicas cuando de corazón imploramos por Su ayuda. No estamos solos, Dios nos prometió que nunca nos dejaría y nunca nos abandonarías.

Declaración de confianza Salmos 31:1-24
“En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; sé Tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme. Porque tú eres mi roca y mi castillo; por tu nombre me guiarás y me encaminarás. Sácame de la red que han escondido para mí, pues Tú eres mi refugio. En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad. Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias; mas yo en Jehová he esperado. Me gozaré y alegraré en tu misericordia, porque has visto mi aflicción; has conocido mi alma en las angustias.

No me entregaste en mano del enemigo; pusiste mis pies en lugar espacioso. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido. De todos mis enemigos soy objeto de oprobio, y de mis vecinos mucho más, y el horror de mis conocidos los que me ven fuera huyen de mí. He sido olvidado de su corazón como un muerto; he venido a ser como un vaso quebrado. Porque oigo la calumnia de muchos; el miedo me asalta por todas partes, mientras consultan juntos contra mí e idean quitarme la vida. Mas yo en ti confío, oh Jehová; digo: Tú eres mi Dios.

En tu mano están mis tiempos; líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores. Haz resplandecer tu Rostro sobre tu siervo; sálvame por tu misericordia. No sea yo avergonzado, oh Jehová, ya que te he invocado; sean avergonzados los impíos, estén mudos en el Seol. Enmudezcan los labios mentirosos, que hablan contra el justo cosas duras con soberbia y menosprecio. !!Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas. Bendito sea Jehová, porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fortificada. Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos; pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba. Amad a Jehová, todos vosotros sus santos; a los fieles guarda Jehová, y paga abundantemente al que procede con soberbia. Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón” (Salmos 31:1-24 (RVR1960).

Te invito al camino de la Salvación:
Aceptar a Jesús como tu Salvador espiritual significa las puertas abiertas para tu destino en los Caminos del Señor. Sin la guía de Él, no podrás llegar a la meta final. Cuando tú acepta a Jesús como tu Salvador personal, y comienza a buscarlo en espíritu y en verdad con todo tu corazón diariamente; Él empezará a revelar Su Propósito para tu vida. Dios tiene Planes prósperos para tu vida, “Planes de bendición y no de calamidad, Planes para darte un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11). Si te ha decidido aceptar al Señor como tu Salvador espiritual de tu vida, repite conmigo esta oración que cambiará tu vida. Padre Celestial, reconozco que soy pecador(a), me arrepiento de mis pecados y te pido perdón. Creo que Jesús es tu Hijo y que murió por mis pecados en la Cruz del Calvario. Creo que Jesús resucitó al tercer día y vive para siempre. Padre Eterno abro la puerta de mi corazón y recibo al Señor Jesús como mi Salvador. Deseo que Él sea el Señor de mi vida. Gracias por salvarme. En el nombre de Jesús, amén.

Oremos:
Jesús, gracias por el Precio que pagaste en la Cruz por mí. Tú Vive y Reina por los Siglos de los Siglos. Enséñame cada día a no olvidar el Precio que Pagaste por mi Salvación. Gracias por mi Salvación. Amén.

Mensaje de Dios
www.ministeriosdesanidad.org

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