“Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma” (Hebreos 10: 39). Las distracciones en nuestro diario vivir, son las causantes que muchas veces nos hacen retroceder durante la carrera espiritual con el Señor. También, son los obstáculos que el enemigo nos tiende para que no lleguemos a la meta, que es Cristo. Debemos discernir cuando se levantan esos obstáculos y no darle lugar para que éstos no nos derrumben. No podemos retroceder cuando estamos en la carrera, no podemos retroceder cuando los problemas vienen, hay que hacerle frente. Cuando corremos con fe; Dios buscará todos los medios para preservar nuestras almas.

La vida está llena de distracciones y es necesario enfocarnos en la mejor parte; que es Jesús. Con eso en mente, debemos desarrollar discernimiento para poder sobrepasar todos los obstáculos que nos tiende el enemigo. No te rindas cuando sientas que los  obstáculos te están derribando, tampoco huya al problema. Si te mantiene en oración constante, Dios obrará de una manera poderosa que tú no va a tener que pelear contra el problema que te aflige.

Dios defiende tus pleitos, Él pelea por ti. Recuerdas quién eres en Cristo; Recuerdas quién es tu Baluarte y tu Alto Refugio. Jesús de Nazaret; ese es su nombre. No te rindas cuando te sientas en medio de la tormenta, no te rindas cuando vea una sequedad espiritual en tu vida. Aunque las aguas se detengan; no te rindas. Ríndete al Señor y verás cómo sentirás Su fluir como ríos de aguas vivas.

No te rindas cuando sientas que las fuerzas se desvanecen en tu ser, no te rindas cuando en medio de la carrera te sientas parar, no te rindas cuando hablen mal de ti y usen tu nombre para mal, no te rindas cuando veas que tu enemigo prospera. No te rindas cuando pienses que el enemigo está ganando la carrera, pues  él se cree que es un vencedor; cuando en realidad es un perdedor.

 Satanás está derrotado desde el principio de la carrera. Él perdió su lugar cuando se reveló contra Dios; por tanto, él es un derrotado. No te rindas aunque los médicos te den un reporte no muy favorable para ti, recuerdas que el último reporte lo da el Señor. No te rindas cuando te sientas rechazada (o) y veas que las puertas se cierran para ti. Clama a Jesús, búscalo de corazón, humíllate ante Él, acéptalo como tu Salvador espiritual y verás cómo Él te dará las llaves donde podrás abrir todas las puertas cerradas de acuerdo a su propósito para ti. Confía plenamente en Él y verás lo imposible, posible.

Tú ha sido creada (o) para triunfar en el Señor. Dios te capacitará para saber cómo correr la carrera con éxitos; recuerdas que la ganará no con tu fuerzas, mas con las fuerzas de Dios. Quiero que sepas que la carrera espiritual en el Señor, debe correrla con un corazón limpio y sin manchas; sin hipocresía, con humildad, con un corazón perdonador y transparente; haciendo lo que es de agrado a Dios. Si procede así, ninguna arma forjada contra ti prosperará.

 Revísate y entrégale al Señor lo que estorba tu carrera. Durante la carrera bebemos enfocarnos en Dios y no en el problema; el mucho pensar en las circunstancias, significa que está luchando con tus propias fuerzas. Una vez que nos rendimos ante el Señor, Él tomará nuestras cargas para que nosotros podamos continuar corriendo sin ningún estorbo. El atleta que es disciplinado, y constante, es aquel que nunca se rinde en sus entrenamientos.

 Éste completa todas sus carreras con obediencia y sin quejase; al momento de las pruebas de competencias, es el más sobresaliente de la carrera. Para correr la carrera de la fe, Dios demanda en nosotros disciplina, obediencia y constancia. El cristiano debe tomar una actitud de creerle a Dios para poder llegar al final.

Dios está buscando atletas como Rut que con su perseverancia, no se rindió ante la propuesta de su suegra Noemí, más bien, ella le creyó a Dios y se quedó a su lado. Muchos abandonan la carrera cuando ven los obstáculos; pero Rut se quedó corriendo hasta ver lo que Dios tenía para ella.“Pero Rut respondió: — ¡No insistas en que te abandone o en que me separe de ti! »Porque iré adonde tú vayas,  y viviré donde tú vivas.

Tu pueblo será mi pueblo,  y tu Dios será mi Dios. Moriré donde tú mueras,  y allí seré sepultada.  ¡Que me castigue el Señor con toda severidad  si me separa de ti algo que no sea la muerte! Al ver Noemí que Rut estaba tan decidida a acompañarla, no le insistió más” (Rut 1:16-18). Dios es un Dios de propósitos, y a través de este entrenamiento constante quiere enseñarnos lecciones que de otra manera no podríamos aprender.

Algunas veces en la carrera no sabemos lo que vendrá, pero Dios si lo sabe. Levántate y prosigue corriendo, aunque no le vea significado a la carrera. No te rindas; persevera, pues al final lograrás ver el significado de tu esfuerzo. Recuerdas que verás momentos en que te sentirás caer durante la carrera; pero Dios te dará fuerzas para levantarte. Párate, sacúdete el polvo, y sigue corriendo. Aunque Rut no entendía lo que le estaba pasado, al final Dios le reveló Sus bendiciones.

Prosigue hacia la Meta; Jesús es la Meta. No te rindas; los que se rinden son los cobardes y tú no eres cobarde. “Pues Dios no te ha dado espíritu de miedo ni de cobardía, sino de valentía, de amor, y de dominio propio” (2 Timoteo1:7). Tú no eres de los que retroceden; Tampoco eres de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Apártate del mal, no sigas sus caminos. Jesús te ofrece otra oportunidad para que te levante. Eres cabeza y no cola; eres hija (o) del Dios viviente. Levántate, sigue corriendo para cuando venga Jesús; te encuentre aprobada (o); no te rindas.

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