Luz en la Oscuridad

“Y aunque tu principio haya sido pequeño, tu postrer estado será muy grande” (Job 8:7 (RVR1960).

En la vida todos tenemos un principio y en cada etapa hay un propósito que nos enseñará a crecer. Dios tiene Propósitos Eternos con cada uno de nosotros y cada etapa nos brinda situaciones que nos ayudarán a seguir hacia adelante llevando la Luz de Cristo. Dios nos llamó a ser luz en medio de las tinieblas, por tanto, es necesario que con nuestros testimonios mostremos el amor de Dios con los demás. Si estamos en problemas y berrinches con nuestros hermanos, amistades, vecinos y hermanos en Cristo, no podemos decir que estamos caminando en la Luz de Cristo (1 Jn 1.7). Cuando caminamos en la Luz de Cristo, desarrollamos nuestro carácter y nuestra conversaciones y conducta se puede percibir por la manera que tratamos a los demás.

En ninguna circunstancia, no podemos darnos el lujo de que nuestra luz se apague y las tinieblas nos hagan tropezar. Es cierto que no estamos exentos de pecado, pero también es cierto que Dios nos dará la manera para no hacer las obras de las tinieblas.

Nací y crecí en un país donde la electricidad brilla por su ausencia, los apagones son tan constantes que nos acostumbramos a caminar en medio de la oscuridad. La costumbre era tan normal que cuando se iba la luz, caminábamos a buscar las lámparas o las velas sin tropezar con nada. En otra palabra, nos habíamos acostumbrado a caminar en la oscuridad. En el mundo secular, muchos se han acostumbrado a caminar y tropezar en una vida oscura porque no han podido alcanzar a ver la Luz de Cristo.

En la vida espiritual, existe una bella transformación para todo ser humano que anda en la oscuridad del pecado. “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17) (RVR1960). Cuando caminábamos en la oscuridad, tropezábamos y sufríamos muchas caídas de dolor, pero los Propósitos del Señor hacia nosotros ya estaban planificados mucho antes que existiéramos en el vientre de nuestras madres. El Señor buscó la manera o nos puso personas para que nos hablasen del evangelio. Estábamos tan acomodados en la oscuridad que no necesitábamos la Luz de Cristo, pero Dios caballerosamente, continuaba tocando la puerta. Finalmente, por la misericordia de Dios, recibimos Su toque. Luego, nos arrepentimos de nuestros pecados y confesamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador de nuestra vida.

Fuimos liberados del dominio de la oscuridad y trasladados al Reino de la Luz de Dios Padre, el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al Reino de Su amado Hijo; y ahora Jesucristo, la Luz del Mundo, ha venido a habitar en nosotros (Col 1.13, Ef 3.17). Aleluya!!!

Oremos:
Padre Eterno, en estos momentos venimos ante tu presencia con un corazón humillados. Te pedimos perdón por nuestros pecados, cámbiame, transfórmame para poder andar en Tu Luz cada día. Señor, quiero andar en Tu Luz, muéstrame las áreas oscuras que necesito cambiar y así no tropezar y reflejar tu amor y tu bondad. Amén.

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