Jesús Sana y Salva

Jesús Sana y Salva
“Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora” (Mateo 8:5-13 (RVR1960).

¿Quién era el centurión?

Un centurión era un soldado Romano que estaba puesto bajo cien soldados al servicio de él. El centurión a pesar de que no era cristiano escuchó de Jesús y los milagros que Él hacía, pero no tenía una relación con el Maestro. Este hombre era un Romano que tal vez adoraba imágenes, pero un día escuchó los milagros que Jesús hacia y por eso, llevó a su criado enfermo para que Él lo sanase. ¿El centurión era un hombre cristiano? No. ¿Usted cree que Jesús lo despreciaría porque no era cristiano? ¿Usted cree que, si viene un pecador, Dios lo va a echar fuera? No. La Palabra de Dios nos dice en Juan 6:37 que al que viene a Él, Él no lo echa afuera.

Es más grande el amor de Dios, que el pecado que tú hayas echo. Dios solo te dice en este día: Ven. Tal vez me dirás: “Yo no he cometido pecado nunca”. Todos a la verdad hemos pecado en algún momento de nuestras vidas de modo que, “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y Justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y Su palabra no está en nosotros” (1 Juan 1:8-10). Jesús murió por nuestros pecados en la Cruz del Calvario. El centurión pensaba que no era digno cuando se le acercó a Jesús. Dios no hace acepción de persona, o sea, Dios no favorece a unas personas más que a otras, Su mayor anhelo es que todos tengamos vida eterna.

Tal vez te has sentido como el centurión cuando le dijo a Jesús “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo”. Quizás usted dice: Señor no soy digno de que Dios haga un milagro en mi vida”, pero hoy te digo: Dios no hace acepción de persona, Él vino para salvar y sanar. Quizás has fallado, pero ¿Quién no ha fallado y cometido faltas? Tal vez te has sumergido en tu pasado de dolor y te sientes indigno (a) de la gracia y el perdón de Dios. Dios te dice: Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Dice el Señor: “Aunque sean sus pecados tan rojos como la grana, blanquearán como la nieve; aunque sean como la púrpura, como lana quedarán” (Isaías 1:18).

Tal vez has pensado que no eres digno de recibir a Dios en tu vida. Tal vez has pecado, pero ¿quién no ha pecado y fallado en esta vida? Todo hemos pecado y nunca es tarde para cambiar y entregarles a Dios nuestras cargas. Hoy Dios viene a darte una oportunidad porque te ama. Ahí donde te encuentras, tal vez necesita salvación o sanidad, esta es la oportunidad que te ofrece el Señor. Dios es amor y Su mayor anhelo es que vivas una vida bendecida. Dios viene a restaurar tu corazón porque te ama. Tú decides.

La palabra de Dios dice que, “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Oración: Señor Jesús en esta hora yo reconozco que eres el Hijo de Dios y que moriste por mis pecados en la Cruz del Calvario. Señor, reconozco que he pecado contra ti. No merezco ser llamado tu hijo. Yo me arrepiento de cada uno de mis pecados. Abro mi corazón y te recibo como mi salvador personal. Yo te pido que escriba mi nombre en el Libro de la vida. Gracias Padre Eterno. Amén.

Lectura Bíblica: Mateo 8:5-13 (RVR1960)
Escrito por la pastora B. Flores
www.ministeriosdesanidad.org

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