En Mis Alturas Dios Me Hace Anda

“Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar” (Habacuc 3:19) (RVR1960).

Para que el profeta Habacuc llegue a decir esta oración de victoria, tuvo que pasar primero por un sinnúmero de situaciones muy desagradable. Debemos de recordar que el oficio del profeta era vigilar, él era un centinela que intercedía por su pueblo. Dios lo tenía en una torre alta para observar los asuntos de su pueblo. El nombre de Habacuc significa el que abraza, pero ese abrazo no era similar al abrazo que acostumbramos a hacer cuando nos alegramos al ver un ser querido. El abrazo de Habacuc a su pueblo era un abrazo de consuelo debido al camino en que se dirigían sus habitantes por causa de sus enemigos.

El tiempo que le tocó vivir al profeta, fue un tiempo lleno de corrupción, de violencia y no había orden. Cuántas veces nos hemos sentido así como el profeta verdad? A diario vemos tantas violencias en nuestros pueblos como también vemos cómo la injusticia pareciera que estuviera ganando. El profeta Habacuc pensaba que Dios se había olvidado de ellos y no hacía nada para defenderlos, por esa razón, él se atrevió a hacerle tantas preguntas a Dios. Podemos notar al principio del libro que sus preguntas eran cargadas de inquietudes y dolor, pero también podemos observar que al final del libro, Dios cambió la mentalidad del profeta. Lo que empezó con signos de preguntas tristes terminó con signos de aclamación, de júbilo. El profeta Habacuc llegó a comprender que, aunque estemos llenos de problemas y pensemos que Dios ya se ha olvidado de nosotros, el Señor siempre está y estará al control de nuestras situaciones.

El Señor no nos quiere ver preocupados ni mucho menos enfocados en los que el ojo humano puede ver. Dios nos quiere ver concentrados en Él y en Su Palabra por medio de la fe. Esa fue la enseñanza del profeta cuando llegó a decir con júbilo de victoria al final del capítulo tres: “aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3:17-18) (RVR1960). ¡Aleluya!

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