El Señor es mi Pastor

 


El Salmista David al escribir este salmo, sabia de lo que estaba diciendo pues él era un pastor de oveja, él describe su experiencia y la asemeja aun más a lo que Nuestro Pastor Celestial puede hacer con Sus ovejas.

A su temprana edad, ser pastor era el oficio de David. Él cuidaba las ovejas como si fuesen de él, pues eran de su padre Isaí. David nunca dejó desamparadas sus ovejas, él peleó y arriesgó su vida para defenderlas del oso y del león. “Yo soy el buen Pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11 Reina-Valera 1960).

Cuando David fue a pelear contra Goliat, dejó sus ovejas al cuidado de un guarda, él siempre estuvo atento a ellas y nunca las dejó solas.1 Samuel 17:20

Hoy declaro y proclamo que el Señor es mi Pastor y cuida de mí especialmente cuando me siento débil y desprotegida. “Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas” (Isaías 40:11 Reina-Valera 1960).

El Salmo veinte y tres lo hago parte de mi vida y de mis familias en el Nombre de Jesús. Hoy puedo decir con certeza que el Señor es mi Pastor y nada me faltará porque Él está a mi lado.

El que me cuida vela por mí las veinticuatro horas del día, por eso no debo temer. Mi Pastor me hace vivir confiada, Él no me da espíritu de miedo ni de cobardía, sino de dominio propio.

El Señor atiende a todas mis necesidades. Cuando estoy cansada, Él me hace descansar. Cuando el peligro me asecha, ahí está mi Pastor para librarme. Cuando me desvió, mi Pastor me disciplina para que no me pierda.

El salmista hace uso de la figura del pastor para describir su experiencia de la protección del Señor hacia Sus hijos y nos dice:

“Jehová es mi Pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días” (Salmos 23:1-6 Reina-Valera 1960).

El Señor te guiará siempre; te saciará en tierras resecas, y fortalecerá tus huesos. Serás como jardín bien regado, como manantial cuyas aguas no se agotan. Isaías 58:11

“Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado” (Salmos 100:3 Reina-Valera 1960).

Escrito: El 4 de Noviembre del 2012

Bendiciones

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